La transición energética está cambiando la minería mundial. La pregunta ya no es si Chile participará en la industria de las Tierras Raras, sino si sus geólogos estarán preparados para hacerlo.
Durante décadas, la minería chilena ha girado en torno a un conjunto relativamente acotado de recursos minerales. El cobre ha sido el protagonista indiscutido, acompañado por el hierro, el oro, la plata y, más recientemente, el litio. La formación universitaria, la investigación y el desarrollo tecnológico se han construido siguiendo esa realidad, preparando generaciones de profesionales para comprender estos sistemas mineralizados.
Sin embargo, la minería del siglo XXI comienza a escribir un nuevo capítulo.
Mientras el mundo acelera la transición hacia energías más limpias, la electrificación del transporte y la digitalización de la economía, un grupo de elementos químicos hasta hace poco conocidos principalmente por especialistas ha pasado a ocupar un lugar central en la agenda de gobiernos, industrias y centros de investigación: las Tierras Raras.
No se trata de una moda pasajera ni de un nuevo “boom” minero. Se trata de una transformación tecnológica que está redefiniendo qué minerales son considerados estratégicos y, con ello, qué conocimientos comenzarán a demandarse de los profesionales de las geociencias.
Quizás la pregunta más interesante ya no sea dónde están las Tierras Raras.
La verdadera pregunta es otra.
¿Quiénes estarán preparados para encontrarlas, evaluarlas y desarrollarlas?
