Planificación territorial en Chile: ¿Estamos preparados para enfrentar desastres naturales?

En un país con tanta diversidad geográfica como Chile, los desastres naturales son una realidad. Terremotos, aluviones, deslizamientos y erupciones volcánicas son eventos que pueden afectar gravemente a comunidades enteras. Sin embargo, cuando ocurre un desastre, es común escuchar frases como “esto ya se sabía” o “nunca se debió permitir construir aquí”, lo que genera una pregunta fundamental: ¿están siendo considerados realmente los peligros geológicos en la planificación territorial?

Plan regulador: Herramienta clave para la gestión de riesgos y la planificación territorial

Un plan regulador es una herramienta de planificación que define cómo se debe utilizar el suelo en una zona específica, ya sea rural o urbana, y establece el tipo de actividades permitidas en cada área, como usos agrícolas, industriales o residenciales. Estos planes son parte de los Instrumentos de Planificación Territorial (IPT), regulados por la Ley General de Urbanismo y Construcciones, y permiten a las autoridades tomar decisiones sobre el desarrollo de ciudades y comunidades de forma más segura y organizada. A través de los IPT, se pueden establecer áreas restringidas al desarrollo urbano cuando representan un peligro potencial para la población, considerando los riesgos geológicos y otros factores ambientales.

La planificación territorial no solo es esencial para el crecimiento de una ciudad, sino que también tiene un rol clave en la protección de sus habitantes. En zonas de alto riesgo geológico, el ordenamiento territorial puede evitar que se construyan viviendas o infraestructura esencial, como hospitales y escuelas, en lugares peligrosos. Sin embargo, en muchos casos, estos planes llegan demasiado tarde o no se implementan adecuadamente, permitiendo que las ciudades se expandan hacia áreas vulnerables.

Peligros geológicos y gestión del riesgo: Distinciones clave para la planificación

Hablar de “riesgo” y “peligro” puede sonar similar, pero en términos de planificación territorial, la distinción es crucial. Los geólogos definen el peligro como la probabilidad de que ocurra un fenómeno natural dañino, como un terremoto o una avalancha, mientras que el riesgo se refiere a la posibilidad de que este evento cause daño en un área habitada. La diferencia radica en que el riesgo depende de la presencia de personas, infraestructuras y sus condiciones de vulnerabilidad.

Para reducir el riesgo, es esencial identificar correctamente los peligros geológicos y sus características, como la frecuencia y severidad de un posible evento. Los estudios de riesgo, realizados por geólogos y otros expertos, son la base de los IPT, ayudando a definir qué zonas son seguras y cuáles no lo son. Pero incluso con estos estudios en mano, la implementación de los planes puede enfrentar trabas administrativas, políticas y sociales, dilatando su ejecución y dejando a las comunidades expuestas a desastres evitables.

Desafíos de la planificación territorial en áreas de riesgo geológico

El proceso de creación y aprobación de un plan regulador no es sencillo. Implica la colaboración de múltiples organismos y profesionales, desde arquitectos hasta geólogos, ingenieros y urbanistas. En Chile, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) es responsable de desarrollar y financiar gran parte de los planes intercomunales y comunales, mientras que las municipalidades se encargan de aprobarlos y aplicarlos. Pero la falta de coordinación y el entramado burocrático pueden hacer que la ejecución de estos planes sea lenta y, en algunos casos, incluso que se pierdan en el tiempo sin ser aprobados.

Un problema frecuente es la percepción de las comunidades y propietarios de terrenos en áreas de riesgo, quienes a menudo ven los estudios de peligro como una amenaza a sus derechos de propiedad y desarrollo. Esta resistencia puede dificultar la implementación de restricciones en zonas peligrosas, permitiendo que construcciones vulnerables sigan en pie o que nuevas viviendas se levanten en áreas inestables. Además, los límites entre los distintos tipos de planes territoriales también pueden reducir la capacidad de establecer restricciones efectivas en ciertas áreas, limitando su efectividad.

Estrategias para mejorar la planificación territorial en zonas de peligro

En países con alta exposición a riesgos naturales, como Chile, la planificación territorial debe ser rigurosa y basada en criterios técnicos sólidos. Para reducir los efectos de futuros desastres, es crucial avanzar en la implementación de obras de mitigación, como barreras y sistemas de alerta temprana, especialmente en zonas pobladas. No obstante, algunos lugares pueden ser tan vulnerables que la única solución es evitar el desarrollo en esos terrenos.

Además, nuevos asentamientos deben planificarse considerando las características geológicas y los riesgos asociados. La educación y concientización de la población juegan también un rol vital: entender los peligros y conocer los planes de evacuación en caso de emergencia puede salvar vidas. A la larga, un territorio planificado no solo es más seguro, sino también más sustentable y económicamente viable, al reducir costos asociados a la recuperación tras un desastre.

En última instancia, la clave para una ocupación segura del territorio está en una gestión adecuada y coordinada de la planificación territorial, basada en información científica y geológica precisa. En la medida en que los ciudadanos y autoridades comprendan la importancia de estos planes y trabajen juntos, podremos construir ciudades más resilientes y preparadas para enfrentar los desafíos que la naturaleza nos presenta.

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